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Moda & Tradición Artesanal

La construcción de una relación virtuosa entre diseñadores y artesanos es un reto para Colombia. Todos debemos aportar para que este sector se fortalezca en la mejor dirección.

Hilos que hablan solos

El cumare proviene de un árbol de la región amazónica en Colombia. Muy preciado por su resistencia, es objeto de estudio en la Universidad Jorge Tadeo Lozano con miras a desarrollar nanotecnología aplicada a esta fibra vegetal para crear un nuevo textil.

"DRESS UP" DE AMAAALIA

La ilustradora colombiana Amalia Restrepo muestra con su serie de animales que lucen accesorios en qué consiste la banalidad o la inmensa astucia del mundo de la moda.

CAS A PORTER

Kika Vargas y Bibi Marini abren un espacio para el diseño que revela la personalidad de las creadoras colombianas. Moda, accesorios, mobiliario y libros. En CC El Retiro, Bogotá.

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¡FELIZ 2017!

Con la ilustradora Amalia Restrepo nos pusimos a la tarea de crear una pieza que pueda acompañarlos de enero a diciembre de 2017. Aquí está: es la SillaVerde interpretada por @amaaalia. Es una tarjeta-calendario que pueden obtener físicamente escribiendo a info@sillaverde.co

LABOR CONSTANTE

Como consultora del Programa de Moda y Joyería de Artesanías de Colombia, Rocio Arias Hofman realiza talleres dirigidos a comunidades artesanas en sus lugares de origen y fomenta la plataforma comercial MODA VIVA.

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CARMEN GONZÁLEZ, LA MUJER WAYUU

Publicado 2017-09-06 02:01:00 | Por Rocio Arias Hofman

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La artesana lidera un grupo de 15 mujeres con las que teje y crea piezas en croché y telar vertical.

Apoyada en los muros recién construidos de la casa amplia que finalmente volvió realidad en el municipio de Uribia, al norte de La Guajira (Colombia), Carmen González recibe con calidez espléndida tanto a familiares como a visitantes. Pertenece al pueblo wayúu por parte de padre y madre. Es hija y descendientes de mujeres artesanas. No tiene hijos y -aunque hablar de ello le agua sus ojos- esta líder acoge a todos con amor de madre. Carmen González acepta mi invitación para recorrer su hogar y taller al tiempo que responde a preguntas sobre su día a día en condición de mujer wayúu.

Uribia, antigua ranchería, es uno de los quince municipios de la Alta Guajira. Considerada históricamente como capital indígena del país fue fundada en 1935. Sus treinta y cinco grados de temperatura habituales se sienten desde las ocho de la mañana y una arena que recuerda a cada instante el hábitat desértico de esta zona agitado por la brisa permanente. Es una fortuna, en ese sentido, que el medio más utilizado de transporte sean los bici-taxis conducidos, sobre todo, por adolescentes y jóvenes adultos. Se tapan el rostro con retazos de camisetas de algodón y cubren sus brazos solo con mangas, sin ponerse la prenda por completo.

En una de las calles más concurridas de este pueblo de algo más de trece mil habitantes en el casco urbano donde se agolpan vetustas camionetas que trasladan diariamente a la población wayuu desde Uribia hasta las rancherías de la región y donde el comercio aprovecha cualquier espacio, Carmen González y su marido han levantado su hogar. Entre los grises y tierras del entorno destacan como flores inanimadas las fabulosas piezas multicolores tejidas por esta familia artesana. 

Pasan perros flacos y pardos ante el portón de hojas abiertas sobre el andén. Chirrían llantas y la gente se habla sonoramente, lanzándose palabras como si fueran bolas. Sobre el flanco izquierdo del patio abierto hallo a Carmen, el pelo domesticado por un pañuelo anudado sobre la cabeza a modo de turbante y la sonrisa inmensa compitiendo con el brillo de sus ojos pequeños tras las gafas. 

Rocío Arias Hofman –RAH—: Carmen, ¿dónde nació usted?

Carmen González–CG—: En la Alta Guajira.

RAH: ¿Cómo llaman a Uribia en wayuunaiki?

CG: Ichitki.

RAH:¿ Usted hace cuándo llegó a Uribia, Carmen?

CG: Llevo como treinta y cinco años. Llegué en el 85 más o menos, a estudiar a la Normal. Terminé mis estudios y me quedé comprometida con un wayuu. Mi familia está en la Alta Guajira. Mi mamá está allá y mis hermanos en la ranchería.

RAH: ¿Por qué no le interesó regresar?

CG: Por la facilidad de la economía, el trabajo. Y porque el hombre con el que me comprometí vivía ahí. Donde formamos hogar, uno se queda ahí, con el hombre, o el hombre se va con la mujer. Me tocó quedarme a mí acá. Aquí empecé a tejer. No me preocupo por buscar un trabajo de oficina acá porque una wayuu cuando se compromete tiene que estar cuidando al marido, la casa, dedicarse al hogar. Eso era la ley antiguamente. Mi mamá me inculcó que cuando uno se comprometía, tenía responsabilidades con el marido como quedarse en la casa. Me salí de esa responsabilidad un poco y me puse a asistir en las capacitaciones de la artesanía. Siempre he sido muy curiosa, donde hay una capacitación, allá voy. El marido me dijo un día ‘que qué es lo que voy a hacer al fin’. No le presté mucha atención ‘lo que sea’ le dije ‘lo que vea más fácil para mí. Y si lo necesito lo uso’.

RAH: ¿Su marido qué hace?

CG: Él trabaja vendiendo agua en el pueblo.

RAH: Agua... un bien escaso en La Guajira. Cuénteme, Carmen, de esa curiosidad por la artesanía que le viene de ver a su mamá y a su papá tejiendo...

CG: Lo llevaba dentro de mí pero no lo explotaba. Y al ver que estaba aquí sin hacer nada me puse un día a agarrar y tejer. Y lo que yo hacía a todo el mundo le gustaba. Me decían ‘termínamelo y te lo compro’. Nunca lo terminaba para mí sino para otro. Siempre me lo compraban.

RAH: ¿Esto pasa mientras usted tiene sus hijos también?

CG: Tuve la suerte bendita de que Dios me mandó a no producir hijos. Esa es la voluntad de Dios. Uno hace las cosas por su voluntad. Nunca tuve hijos, los que están alrededor mío son los sobrinos (las lágrimas contenidas iluminan los ojos de Carmen, la hacen suspirar)

RAH: Pero, al revés, se dedicó al arte de crear tejiendo que es otra forma de gestar cosas muy importantes.

CG: Hoy en día entiendo eso. Quizá Dios no me dió los hijos porque sabía muy bien a qué tenía que dedicarme. Quizá no tengo el tiempo para dedicarme a un hijo porque tengo muchos. Tengo que atender a todos por igual: artesanos y artesanas que están pendietes de mi. Tengo que estar pendiente de las tejedoras que no tienen un tejido muy fino, dedicarme a ellas y revisar cómo ellas agarran las enseñanzas. Son casi 25 en varias comunidades. A raíz de las capacitaciones que he hecho con la Fundación Cerrejón y el SENA he trabajado capacitando mujeres, animándolas a que vean en la artesanía su economía para que cambien la calidad de vida. Que no regalen su trabajo a menor precio o al precio que diga el cliente. Hemos dado capacitaciones para que las mujeres y también los hombres aprecien su trabajo. Por eso pienso que Dios no me dió hijos.

RAH: Pero eso le ha dado tiempo para pensar sobre la artesanía, sus valores y la relación con su comunidad. Aparte del tema económico, ¿qué otros valores cree usted que habría que rescatar de la comunidad wayuu y volverlos muy fuertes para defender justamente el producto wayuu como algo único, que no que se pueda replicar solo por saber una técnica?

CG: También les inculcamos que en nuestra artesanía, el tejido es el valor que tenemos como pueblo wayuu. Nos pertenece. No podemos regalar nuestra habilidad con el tejido o trabajarlo solo por vender. Debemos hacer cada pieza con amor porque es uno lo que está en esa mochila. Que se lo lleve el cliente por el valor cultural que tiene el trabajo. Que eso no se pierda en próximas generaciones.

RAH: Y, ¿cómo cree usted que recibe este mensaje, por ejemplo, la juventud?

CG: Las mujeres que me he encontrado me agradecen. Me dicen ‘seño, gracias por abrirnos los ojos, yo tejía por tejer’ o me dicen ‘pensaba que tejía bien, pero hoy me doy cuenta de que no es así, estaba tejiendo por tejer, sin sentir ese amor por mi trabajo y por mi cultura’. Eso se sabe después, que ellos se dan cuenta de que hay que valorar la artesanía y el tejido. Me lo dicen después, me dan las gracias, me abrazan.

RAH: ¿Cómo se llama su taller, Carmen?

CG: Jeketüu. El nombre viene de la capacitación del tejido combinado con cuero de chivo. También recibí la capacitación para manejar el cuero y mezclarlo con el tejido wayuu.

RAH: Como una innovación…

CG: Sí, por eso Jeketüu que en wayunaiki significa nuevo.

RAH: Sin embargo, veo que volvió a la tejeduría de mochila tradicional y también al trabajo en telar vertical, ¿me lo puede describir?

CG: Este telar fue armado acá en la casa, lo hizo mi marido. Porque yo antes colocaba el telar donde fuera. Y a raíz de eso me armó telares anchos y este (el que Carmen ubica en el patio posterior de su casa en Uribia) para una persona.

RAH: Estos pedazos de madera que ha ido ensamblando… Por ejemplo, este es un palo de escoba adaptado.

CG: Estos son tubos, mi esposo está reciclando todo acá. Esto es de la cabecera del chinchorro que ya no sirve y lo cojo para medir el largo de la gasa que desee hacer.

RAH: ¿Está tejiendo gasas? En un totumo -también reciclado- Carmen deposita con cuidado los ovillos de algodón sintético que utiliza para la pieza pendiente de tejer. De esta manera, si Carmen se mueve por la casa para tejer solo tiene que trasladar el telar en una mano y el totumo con las bolitas de hilo en la otra. 

CG: Cuatro. Esto es para hacer el urdimbre de la gasa, lo quito de ahí y se lo paso a otro para que lo paletee. En el taller estamos dándole trabajo a otras personas: mis hermanos han aprendido a paletear. Anteriormente, el paleteado no lo hacía el hombre sino la mujer. Hoy en día yo le enseño a mis sobrinos. El asonush, eso sí lo hace el hombre, aunque ya también lo hacemos las mujeres.

RAH: ¿Y ese cómo se hace?

CG: Es otra técnica que se hace a mano, se tuerce el hilo, se mide una medida, eso va a encogiendo para que, cuando ya esté listo, quede exacta para la gasa.

RAH: Sin embargo, estábamos en el tema de volver a la mochila tradicional. ¿Por alguna razón concreta?

CG: Sí, conseguí una clienta en diciembre del año pasado que quería mochilas tradicionales. Entonces se las estoy haciendo a la clienta.

RAH: ¿Y le pidieron colores específicos?

CG: Sí, me pidió colores específicos, diseños específicos que consiguen por ahí en las mochilas y me los da. No son los de nosotros, los tradicionales.

RAH: O sea que lo que tiene ahora entre las manos es un encargo. ¿Cuántos encargos maneja al tiempo?

CG: Estoy atendiendo una sola clienta. Sí me han llamado pero no me puedo comprometer con tanto porque de pronto quedo mal. Mejor atiendo una sola persona.

RAH: ¿Cuántas mochilas está tejiendo al mes, o a la semana?

CG: Trabajo con quince mujeres, y al mes lo que ellas alcanzan a hacer. Nos dedicamos mucho al tejido pero tienen muchas actividades que hacer. Si su oficio fuera solo tejer, por persona harían tres mochilas al mes. Pero como no es así, hacen una, una y media.

Esta es la mochila personal de Carmen González, la que utiliza para acompañar sus elegantes mantas -wayunshein- y asistir tanto a reuniones sociales como a las constantes capacitaciones que recibe por parte del Sena y Artesanías de Colombia.

 

RAH: Usted, ¿cuántas horas le dedica a la tejeduría al día?

CG: A veces cuatro horas, a veces cinco o seis.

RAH: ¿Cuál es la mejor hora para tejer para usted?

CG: Por las tardes, porque en la mañana tenemos mucho oficio. Que el desayuno, muchas cosas. Y en la nochecita es el mejor horario para trabajar. Me rinde mucho el tiempo en las tardes.

RAH: ¿En qué piensa cuando teje? Porque tejer es un oficio que transcurre en solitario. O ¿le gusta que le conversen?

CG: Prefiero sola.

RAH: ¿En qué suele pensar cuando teje?, ¿a dónde se le va la mente?

CG: Nada más en terminar un trabajo, entregarlo al cliente.

RAH: Se concentra en el tejido más bien. No se dedica a pensar o a soñar cosas…

CG: Soñar, claro que siempre uno sueña. Sueño siempre con estar bien, tener los sobrinos bien. Que estudiaran, que fueran profesionales. Porque la mayoría de mis hermanos no tienen un trabajo fijo. Que sean profesionales por medio de mi trabajo. Les digo que estén pendientes porque algún día no voy a estar, esto tiene que seguir.

RAH: ¿Les anima a que sean artesanos? o ¿cree que se deberían dedicar a otra cosa?

CG: Lo que ellos deseen. No es decirles ‘tienen que ser artesanos’. No, si les nace hacerlo lo hacen. Y si tienen otros sueños, es lo que ellos quieran hacer. Pero las niñitas dicen ‘tengo que ser como mi tía, artesana como tú’.

RAH: Les ha dado buen ejemplo.

CG: Sí, pero también les digo ‘si tú quieres estudiar o quieres ser maestra, lo puedes hacer sin olvidar la artesanía. Si te nace ser artesana, serás artesana’.  Siempre le inculco a ellos que tienen que seguir esto.

RAH: Para usted, ¿qué es lo más difícil de ser artesana?

CG: Diría que cumplir con las fechas de entrega de los pedidos. Me siento desesperada cuando llegan las fechas y no están las mochilas listas. El resto, lo manual lo manejo bien.

RAH: Aparte de los pedidos que le hacen, ¿dónde acostumbra vender?

CG: Como no participaba en las ferias, lo mandaba con compañeras como Conchita Ospina. Ahora ya tengo los contactos en la participación en las ferias, me llaman y así hago los pedidos.

Del patio posterior de la casa nos dirigimos al delantero donde se encuentran varias habitaciones seguidas. Entramos en una de ellas. Es un espacio cerrado con paredes de cemento y láminas de cinc donde reverbera el sol inclemente guajiro. Aquí todos los miembros de la familia González (hasta un total de 11 personas normalmente pero crece con las constantes visitas que reciben y pernoctan en la casa de Carmen durante días y noches) guardan su ropa. Cada maleta pertenece a un miembro de la familia. El lugar es un gran armario donde el piso de arena y las telarañas en los rincones buscan apropiarse de la ropa y las sandalias. Carmen se excusa por el desorden que reina en el espacio pero enseguida sonríe y acomoda lo que va encontrando a su paso para lidiar con esa sensación de rubor que la hace hablar casi en susurro.

RAH: Hablando de moda, ¿cuántas mantas guarda usted en su maleta, Carmen?

CG:No sé, no llevo la cuenta. Hay manticas de estas para estar en la casa.

RAH:Lo que llamaríamos el armario, usted lo tiene en una maleta. ¿Toda la familia guarda aquí sus cosas? Y lo suyo nadie se lo toca. ¿Qué tiene en la maleta?

CG: Estas son las de salir…

RAH: ¿Qué hace la diferencia entre una manta de salir y una de la casa?

CG: Son de diferentes telas. Las de estar en la casa son siempre de chalís, son manticas corticas que son frescas para la casa. Las de salir tienen telas gruesas, son mantas grandes, anchas.

RAH: ¿Usted las compra hechas?, ¿las manda a hacer?

CG: Sí, las mando hacer a veces bordadas.

RAH: Qué belleza. Y esta, ¿de dónde salió?

CG: Esta la compré en Maicao.

RAH: Y ¿qué le gustó en particular?, Esta es de color crudo con encaje.

CG: Sirve para dar pésame a los amigos en tiempo de velorio. Tenemos mantas para toda ocasión.

RAH: Que son las de salir a eventos y capacitaciones. Y luego está la del velorio que es de color claro, ¿correcto?

CG: Sí, las de velorio son en colores blanco y negro, antes hacíamos mantas con tejido como esta.

RAH: ¿La hizo usted, Carmen?

CG: Sí. Anteriormente, cuando no me dedicaba a las mochilas, hacía mantas.

RAH: ¿Y qué pasó?  La manta es más rendidora, implica menos tejido. Y esa con tejido creado, ¿cuánto puede costar?

CG: 150 mil pesos o 200 mil, dependiendo del tejido.

RAH: Estas de celebración, las que compra en Maicao, ¿cuánto le cuestan?

CG: Hay de 100 mil. Dependiendo de la época o el evento. 150 mil y 200 mil. Esta la hice con hilo trenzado.

RAH: Esas tienen menos uso. Porque solo la reserva para momentos específicos. Si hago la cuenta mantas de velorio tiene 4, de celebración 10, y 12 mantas para estar por casa. ¿Cada cuánto lavan?

CG:Los fines de semana. Pero los míos se ocupan por el trabajo.

RAH: ¿Quién le ayuda?

CG: A veces viene una muchacha

RAH: La pañoleta que se pone en la cabeza, ¿también la guarda acá?

CG:

RAH: ¿Y las mochilas?

CG: Mis mochilas están allá afuera. Tengo tres.

RAH: Y las chanclas las guarda acá...

CG: Las que tengo son las de diario. Las otras, más elegantes, están guardadas. Y Camen me muestra unas sandalias recubiertas de tejido wayuu en la planta y adornadas con las borlas típicas de su comunidad entre los dedos. Una sinfonía magnífica de color en la que predomina el azul vibrante y el rojo.

RAH: ¿Es costumbre, Carmen, entre las mujeres wayuu prestarse las mantas?

CG: No, en mi familia no.

RAH: ¿Entre Marta, su hermana, y usted no se prestan?

CG: No, si no tiene toca ponerse la ropa sucia, pero que ella se ponga la manta mía, no. Porque desde pequeña a mi mamá nunca le ha gustado que uno se ponga ropa de otro. Si alguna vez nos ven con la ropa de la hermana, nos regañan. Nos criaron así.

RAH: ¿Qué tiene de especial su mochila de salir además de muy representativos colores vivos?.

CG: La calidad. Para viajar a veces agarro las pequeñas.

RAH: Observo sus collares. ¿Usted usted suele combianarlos?

CG: Los combino con la ropa que me pongo.

RAH: ¿Le dedica tiempo o lo soluciona rápido?

CG: A veces cuando hay eventos especiales lo pienso en la noche ‘la ropa, los zapatos, la pañoleta, los aretes, pega con este’

RAH: ¿Usted habla con las amigas o con su hermana de ropa, de mantas que han visto?

CG: Pregunto, ‘¿qué ropa me pongo mañana?’ Y me dicen ‘con esto o estos zapatos’ y si tengo esos zapatos busco con qué ponérmelos.

RAH:Y cuándo no teje por encargo, ¿cuáles son los colores con los que más le gusta trabajar y qué kanass (diseños gráficos tradicionales) le gusta implementar?

CG: Fondo rojo con negro o mirar con qué pega, jugar con los colores. Lo vamos eliminando para quedar con cinco colores. O con fondo negro que pega con todo.

RAH: ¿Hasta cuántos colores por mochila?

CG: Máximo cinco. Sobre todo tejo a partir de kanaas -me gusta mucho el que llamamos "tripa de vaca" porque ya yo estoy entre las maestras. Solo si es un pedido por encargo con otros motivos gráficos, hago otra cosa. 

RAH: ¿Usted tiene título de maestra artesana?

CG: Un cartón, no.

RAH: Pero la comunidad la reconoce como tal.

CG:

RAH: ¿Y forma parte de la Federación de Mujeres Artesanas Wayuu?

CG: No todavía.

Cruzamos el área cubierta por grandes láminas de zinc apoyadas sobre palos bajo la cual sucede la vida familiar en pleno. Se ve televisión (el aparato, barrigón y cubierto de polvillo típico de la zona, permanece prendido desde las cinco de la mañana hasta más allá de las once de la noche) o más bien "se escucha televisión": novelas, informativos, comerciales. Un sinfín gritón que al rato forma parte del paisaje. Los chinchorros cuelgan adormilados aquí y allá. A un lado la mesa rectangular más grande y de madera. Varios recipientes de plástico con multitud de utensilios caseros sobre el piso y dos motos parqueadas con señales de estar siendo intervenidas por mecánicos caseros. Los juguetes del sobrino más pequeño de la casa lucen solitarios, desperdigados por el suelo, a la espera de unas manitas que los alcen.

El padre de Carmen, Jacinto, permanece horas sentado a horcajadas sobre un chinchorro lateral (cerca al taller donde sus hijas tejen al aire libre) y recicla de manera asombrosa los restos de hilo que quedan de la tejeduría de mochilas que hacen las hermanas González para sus encargos. Este hombre mayor, seguramente con más de ochenta años cumplidos, posee unos dedos delgados que le permiten anudar doblemente los hilos sobrantes para obtener de nuevo una madeja que luego le servirá para tejer una mochila "con los restos". Es una "sopa" y sonríe al verme con ella entre las manos. Se trata de un verdadero ejercicio de sostenibilidad, tanto por cuenta del oficio que Jacinto no deja de ejercer a pesar de su edad como en el uso de materiales que otros desechan. 


Entramos propiamente en la construcción sólida de la casa donde están la cocina, tres habitaciones por terminar y una cuarta que, al abrir la puerta, demuestra la emprendedora que es Carmen González. Beliísimas mochilas, gasas (asas), cordones terminados en flecos, pompones a la espera de ser aprobadas y enviadas a sus diferentes destinos. Varias vitrinas y bolsas llenas de material en las esquinas. Todo luce amontonado. 

CG: Es descuido, la verdad. Divido mi tiempo, ordeno acá primero y mantendría organizado. Pero yo tiro aquí voy a tejer, atiendo a las artesanas y me olvido de esto.

RAH: Sin embargo, tiene los kanaas impresos muy ordenados.

CG: Esta es la tripa de vaca cortada, esta es la tripa de vaca completa.

RAH: ¿Y esta es cuál?

CG: Ulesia y esta es la curuchía. No sé si has ido a una ranchería que es de yotojoro, de palito.

RAH: Esta es complicadísima, ¿no?

CG: Esta es la jimeuya, la hoja de pescar.

RAH: Que recuerda al ojo de un pescado. Usted ha experimentado todos los veintiún kanas, y el favorito es la tripa de vaca. 

CG: Sí. Yo esto lo tengo así porque el año pasado participé -esta es como la huella del caballo- en el proyecto del convenio con Artesanías de Colombia.

RAH: Y les entregaron estos porque su mamá jamás tejió con esto. ¿Cómo lo sacaba su mamá?

CG: Mi abuelita no sé de dónde lo sacó. Nunca la he visto con una hoja. No tuve tiempo de preguntarle porque estaba muy niña, no valoré el tejido en ese momento. Y ya cuando quise, ella ya no veía y se le olvidaban las cosas.

RAH: ¿A qué edad se volvió a motivar?

CG: Cuando terminé el colegio y luego el estudio, a los 27 años. Esto quedó así porque se acabó la plata.

RAH: Pero tiene lote propio, pidió préstamo. ¿Nunca sintió tentación de volver a la ranchería?

CG: Vamos cada rato a visitar.

RAH: Pero no a vivir.

CG: No, pero queremos hacer un cuarto allá porque es la casa de mi mamá. Me gustaría hacer uno para mí de barro natural de La Guajira.

RAH: Tiene muchos sueños. Quince artesanas a cargo y la familia, ¿cuántos viven en esta casa en Uribia?

CG: Vivimos diez constantes y a veces somos más de veinte personas.

RAH: En los chinchorros.

CG:

RAH: Y usted con sus artesanas, ¿dónde se reúne?

CG: Acá o en la ranchería de ellas un día, todas juntas. Acá pueden venir cinco o seis. Pero cuando las necesito a todas voy a la ranchería.

RAH: ¿Y la mayoría ya tienen celular?, ¿se comunican por whatsapp?

CG: No, celular. Hay unos que tienen whatsapp.

RAH: Si no, ¿cómo se comunican?

CG: Hay dos o tres que tienen celular, entonces yo llamo a una y le digo avísale a tal.

RAH: ¿Usted le entrega la la materia prima a esos grupos?

CG:

RAH: Y,  ¿le cumplen los tiempos o sienten angustia como usted?

CG: Eso va en escala. Ellas corren, yo también corro. A veces tengo que trasnochar hasta las 2 de la mañana. No duermo hasta que está empacada la última mochila.

RAH: ¿El precio de las mochilas lo pacta usted con el grupo o ya tienen tarifas establecidas?

CG: Tenemos unas tarifas que ya yo sé hasta dónde podemos llegar con descuentos.

RAH: ¿Cómo lo calibran?, ¿por horas?

CG: Por producto.

RAH: Es decir, la mochila de colores que está tejiendo, con las gasas, esa que es mediana de cuatro colores, ¿qué precio de venta le pone usted?

CG: $150 mil, al por mayor la puedo dejar en $120 mil. 

RAH: Ese es su tope. Y de ahí para abajo, ¿usted negocia con sus artesanas cómo?, ¿cada una le entrega la base hecha y usted hace las gasas o cómo es?

CG: Yo les llevo los materiales, ellas hacen las mochilas y yo las gasas.

RAH: Lo que no suelta son las gasas.

CG: Por el diseño. No tienen el diseño exclusivo.

RAH: Y, sin embargo, le toca supervisar el tejido de cada una de las mochilas.

CG: Sí porque sino me traen una chueca o el diseño de otro color. Porque tiene que ser como la clienta me manda la foto. Me manda una foto y tiene que ser el rosado por el borde…

RAH: Y usted que se ha vuelto una profesora para las demás, ¿cuál diría que es la mejor técnica que le ha servido para enseñar a las mujeres wayuu tanto a dominar la técnica como a practicar con el diseño?, ¿cómo es su método de trabajo?

CG: Ellas tejen con las puntadas largas y la mochila queda aguada, entonces cojo el tejido y les muestro que para que el tejido quede durito hay que hacerlo así. Les hago la demostración y me ha funcionado siempre. Estoy ahí encima porque no es fácil que de un momento a otro haga lo que le explique. Tengo que decirles que lo repitan y lo hagan de nuevo, hasta que me doy cuenta que lo agarró bien. Tengo que estar ahí encima. Porque si no, vuelve y hacen lo mismo. Tengo que hacer la demostración para que ellas me entiendan cómo debe ser el tejido de calidad.

El liderazgo de Carmen González es una virtud de su personalidad, un don natural que comparte con su gran amiga Carmen Palmar (a la izquierda, en la imagen). Frecuentemente comparten su tiempo para compartir experiencias y retos frente a la comunidad de mujeres wayuu que ambas jalonan para crear un ecosistema alrededor de la artesanía, sus valores culturales y la capacidad para generar recursos económicos. En la ranchería Aruatachón, a 20 minutos en carro desde Uribia, las dos "Carmen" intercambian las novedades que están incorporando en sus exquisitas mochilas tejidas.

RAH: Usted como mujer wayuu artesana ¿qué diría que es lo que más la inspira, que la lleva a no parar de crear, a amar su trabajo a seguir haciendo?

CG: El ser wayuu. Que todas las wayuu que se despierten, que no van a ser las mismas wayuu desvalorizadas. ‘Ustedes valen, no se dejen atropellar, levántense’. Animarlas para que cambien porque este es un trabajo, no hay necesidad de esperar que el esposo llegue con la comida o le de para lo que necesita, para que compre su ropa. Yo las animo con eso a que, por ejemplo, no esperen a que su marido llegue borracho, les dé a ustedes. Uso mi forma de hablar, busco las palabras para el momento para que no se sientan ofendidas, dulcecitas, en wayunaiki. Les digo ‘ por medio de este tejido tu hijo puede ir muy lejos si tú lo quieres’. Siempre nos utilizan las políticas ‘tienen que votar por este porque sino, no hay comida’. Todo es así, y con el tejido uno tiene un trabajo que no depende ni de la política, ni de una oficina, no hay necesidad de estar atenido de alguien. Ni siquiera de un marido. Hay mujeres que tienen que estar atenidas a un marido y no, uno se levanta con el trabajo.

RAH: Libre...

CG: Recibir la plata y poderla gastar como yo quiera. Comprar lo que quiera. Porque al marido hay que rendirle cuentas ‘qué compraste con la plata que te di’, ‘¿y el resto dónde está?’. Con esto uno no se tiene que estar ateniendo a un marido, uno es libre. 

Esta entrevista fue realizada el martes 15 de agosto de 2017 en el marco de una comisión del Programa de Moda & Joyería de Artesanías de Colombia en Uribia, La Guajira.

Septiembre

25

2017

Calendario MODA EN COLOMBIA

COLOMBIAMODA (Medellín): 25 al 27 de JULIO

ECOSISTEMA ARTE (Bogotá): 22 y 23 de SEPTIEMBRE

CALI EXPOSHOW (Cali): 20 al 23 de SEPTIEMBRE

B CAPITAL (Bogotá): 18 al 20 de OCTUBRE

FERIAS DE ARTE (Bogotá): 26 al 29 de OCTUBRE

EXPOARTESANÍAS / MODA VIVA (Bogotá): 6 al 19 de DICIEMBRE

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Elogio de la lectura

"Esta es mi técnica, resucito a través de la ropa. Tanto es así que me resulta imposible recordar lo que hice, lo que me sucedió, a menos que recuerde lo que llevaba puesto. Siempre que desecho un suéter o un vestido, desecho parte de mi vida. En "Chicas bailarinas" de Margaret Atwood (Lumen).

"No se atrevía a seguir mirando al espejo. No podía enfrentarse a todo ese horror: el vestido de seda de un amarillo pálido, tontamente pasado de moda, con su falda larga y sus altas mangas y su cintura y todas las cosas que le parecieron atractivas en el libro..." en La señora Dalloway recibe. Virginia Woolf ("El vestido nuevo". Editorial LUMEN).

"En la mesa de al lado había una dama maravillosa con unos hombros preciosos, una espalda recta y un vetido tan divino que me daban ganas de llorar. Era tan bonito porque ella no necesitaba pensar cómo conseguirlo, se notaba solo con verlo" en La chica de seda artificial. Irmgard Keun (Editorial Minúscula, 2004. Primera vez publicada en 1932).

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Sobre la autora

“Esta revista digital la elaboro en Bogotá, la ciudad asentada sobre una silla verde, tal como sugiere el escritor Germán Arciniégas al referirse a las montañas orientales que la resguardan.”

Rocio Arias Hofman es politóloga y periodista en radio, prensa, televisión y medios digitales. Nació en Madrid y vive en Colombia desde 1994.

En 2012 creó sentadaensusillaverde.com para investigar, escribir y publicar historias detrás de la moda. Sus piezas periodísticas aparecen también en los medios colombianos El Espectador, Fucisa Diners. Participa en conversaciones, foros y eventos académicos relacionados con la industria de la moda y sus protagonistas. Ha sido jurado de los PREMIOS CROMOS DE MODA 2014, PREMIOS DE DISEÑO LÁPIZ DE ACERO 2015, categoría Moda, CONVOCATORIA "SE BUSCA DISEÑADOR" 2016 Fucsia y PREMIO FESTILANA 2016. 

Como empresaria ha creado SILLAVERDE -Portal de la moda en Colombia-, una compañía a través de la que edita y produce contenidos para distintos formatos periodísticos que acercan la información de moda al público. Consultora de Artesanías de Colombia. Dirige el ciclo MODA 360 de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Cofundadora de la FUNDACIÓN MALPENSANTE con el escritor y columnista Andrés Hoyos. Una entidad sin ánimo de lucro que crea contenidos vinculados a las artes y produce festivales, exposiciones y encuentros con el público en torno a la lectura. 

Colombiamoda 2017

La edición 28 del principal evento de moda en Colombia reúne nombres indispensables del diseño nacional. Sus más recientes colecciones se presentan del 25 al 27 de julio de 2017 en Medellín. Aquí está un detalle sugestivo que nos ceden algunas de las marcas participantes. Bocetos, color, textiles, inspiración y más para anticipar lo que viene.

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PEPA POMBO

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DIANA CRUMP

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SOY

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PAPEL DE PUNTO

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DIANA GÓMEZ

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MULIERR

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LINA CANTILLO

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NOISE LAB

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MEV